Y en esta esquina… ¡Letras Libres!

Cuando hablamos de poesía en voz alta es probable que pensemos en un acto MUY formal con alguien leyendo de manera pau-sa-da un poema rebuscado que casi nadie entiende, pues bien, Letras Libres es el amotinamiento de los poetas vallartenses ante esta idea.

De la Revista independiente Piensa Libre, cuyo fundador es Eder Barajas, surge un grupo interesante de poetas con marcadas diferencias de estilo y forma que se reúne para retomar sus textos y mostrarlos a un público intrapandémico.

Letras Libres es un espectáculo original de Jaime Caletti que pretende conectar elementos del Teatro, performance y Literatura con la lucha libre, de manera que cada uno de sus exponentes: Eder Barajas, Jesús Jaime Caletti, Daniela Ruelas, Nicté Rivera Escalante y Anakarenina Muñoz (en orden de aparición) se colocaron máscara contra cabellera para traernos al ring de LoCura café lo mejor de sus letras un sábado el 4 de diciembre del año pasado, y aunque como artistas nos enfrentábamos todavía a la hostilidad de retomar los eventos públicos en espacios cerrados, lo que Jaime Caletti y su equipo mostraron fue que se puede  volver al arte de manera segura.

Cabe resaltar de este evento, la VARIEDAD de estilos y formas que cada uno de ellos mostró, Eder Barajas, abrió el escenario mientras caminaba por el pasillo soltando cada hoja que terminaba de leer, pero este acto performático de “deshacerse” de sus hojas tenía a los espectadores un poco preocupados por recogerlas del piso pues, pese a su gran carisma, la falta de proyección vocal y la distracción del suelo poco estético hicieron que muchas veces se perdiera el hilo conductor de sus relatos.

Luego vino la poesía de Jesús-Jaime Caletti, además de la facilidad con que leyó, retomó la energía de un público disperso evidenciando su conocimiento artístico multidisciplinario, se destaca el interés de la audiencia por sus temas amorosos y/o de decepción amorosa del que mucho se ha hablado en la poesía, pero pocas veces de forma metafórica como lo hace Jaime.

Cuando el turno de Daniela Ruelas llegó, fue inevitable conmocionarse con su presencia escénica y dominio, lo duro de sus letras hicieron que la tarde diera un giro inesperado, la fluidez en su pensamiento y la contundencia de su voz nos regaló a todas las asistentes un momento de identificación con su poema “Oda al mentón alzado de las mujeres en mi vida”.

La noche se entrecerró con carcajadas irónicas a través de la poesía de Nicté Rivera, quien con ese toque de acidez-agridulce que contienen sus frases fue inevitable soltar la carajada o bocanada de asombro, además, atendiendo a su caracterización de vestuario que refleja el personaje que ella es, los colores que utilizó si bien desentonaban del resto de sus compañeros quienes intuitivamente optaron por colores oscuros, denotaron la carencia de una propuesta de vestuario.

La anfitriona AnaKarenina Muñoz, abordó un monólogo sobre la importancia de preservar la salud mental, no obstante, el formato teatro monologado no encaja del todo en una lectura de poesía pues, ante la armonía de tonos, rimas y versos, fue muy notorio el cambio de un diálogo estructurado a otro carente de recursos estilísticos, quizás se tenga que pensar en teatralizar de otra manera su texto (verso o prosa)  para que combine con la estructura dramática del resto del equipo, sin embargo, de AnaKarenina siempre se agradece su honestidad al hablar y abordar un personaje.

Tratándose de un evento que combina diferentes disciplinas y que éstas muy difícilmente se vean mezcladas, es fortuito encontrar un evento como este, mi recomendación es que, a futuro, si se espera darlo a conocer como un espectáculo de cartelera, conviene apostar por una proyección de vestuario, escenografía e iluminación que resalten la idea propuesta; el escenario de LoCura café lució diferente con las máscaras colgadas en la pared y techo, no obstante, el ring desde donde leerían los participantes se quedó corto: necesitaban moverse, romper con la linealidad, conectar con su interlocutor; no olvidar que lo que  se provocó en el público suceda con más frecuencia ya que la gente se vio identificada con sus autobiografías hechas poesía, finalmente cada uno habló de algo profundo e importante para sí, es una pena que los audios que preparó Arturo Caletti a manera de referee no se distinguieran pues hubiéramos podido conocer un poco más de los intérpretes ya que cada uno de ellos tomó sus mejores versos para compartirlos y regalarnos un momento de empatía, y es ahí donde el arte cumple su objetivo, en unir, identificar y hacer sentir.

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