Temporada de mandarinas o de cómo todos esperamos a alguien.

En una época en la que la mayoría de los actores y grupos escénicos nos encontramos “inactivos” o con poca oferta en cartelera, el grupo teatral Actors Gym Pv dirigido por Marco Antonio Caudillo presenta en un espacio -casi nuevo para la cultura- la obra “El tiempo de las mandarinas” del dramaturgo argentino Rafael Nofal, todos los lunes a las 8:00 pm. Así ha sido desde hace ya varios meses, este grupo se ha mantenido en temporada desde enero y eso es algo digno aplaudirse pues actualmente el número de funciones en Vallarta oscila entre cuatro y seis en promedio, ocho cuando se extiende temporada gracias a la buena respuesta del público; estos números representan el punto de equilibrio entre la inversión de tiempo y dinero de una producción independiente, sin embargo, dada la URGENCIA del tema (trata de personas), me cuestiono por qué no manejan una estrategia de difusión sólida más allá de su alcance propio, es raro que un grupo de artistas decida pasar casi desapercibido con su trabajo, sobre todo cuando éste ha procurado las formas para una óptima realización.

El trabajo actoral es impecable, se nota el compromiso del equipo, Elisa Carolina lleva la obra con buen ritmo y su voz y corporalidad destacan y llenan de contenido la trama, su presencia escénica es ineludible; Alejandro Nava sorprende con su actuación dotada de matices inesperados, para nada clicheados, más bien provienen desde una necesidad interna pura, la escuela de “El método” totalmente marcada en su técnica; Alicia Sámano representa con ternura a la víctima de trata de personas y en ella vemos la evolución  de lo que esto representa, sin duda su rostro e imagen se quedan guardados en el pensamiento.

La puesta en escena contiene elementos disruptivos que vienen planteados desde la dramaturgia, sin embargo, Marco Caudillo como Director realmente se preocupa por decir lo que quiere dentro de esta obra, lo tiene claro, así que la experiencia resulta como un sueño expresionista: con toques de fantasía y realidad. Me viene a la mente la pintura de “El grito” de Eduard Munch como referente.

Tratándose de un montaje cuya temática es dolorosa y actual, a mitad de la obra se presenta un monólogo bastante conmovedor que es el núcleo del discurso final y resultan chocantes dos cosas:

  1. Que Alicia Sámano no identifique lo sustancial que es para la obra este discurso, su exploración actoral va por buen camino, pero puede todavía ser más profunda y contundente, hacerse y hacer estallar más a los demás. 
  2. Que la propuesta de iluminación coloque un fondo rojo cuando lo que se está narrando es emocionalmente bello: Una mujer en el encierro hablando de lo mucho que le gustan los días soleados.

En este sentido, me pregunto si la iluminación puede aportar a la escena una mejor perspectiva de lo que es sentir el sol en el cuerpo colocando una luz tenue amarilla. De todo lo demás no hay más que decir, esta obra apuesta por un atrezzo minimalista pues en la actuación lo lleva todo.

“El tiempo de las mandarinas” es una obra fundamental para los tiempos que estamos viviendo, quedan todavía dos funciones más en el Centro Cultural La Lija, la entrada es gratuita, tiene una duración aproximada de 70 minutos y próximamente realizarán una segunda temporada en el Auditorio del Río Cuale.

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