“EL DESTRIPADERO VERAZ, Cubrir la noticia es nuestra pasión”.

El techo cubierto de notas periodísticas, tres cuerpos inertes en el escenario y una melodía suave dan la bienvenida al público, la obra comienza lentamente con una coreografía diseñada por Melissa Castillo que expresa en sentido alegórico la categorización de los personajes y dará paso a una apología del cuerpo a tres voces… Posteriormente, vemos a Riqui y Carmina discutir sobre cómo fotografiar un cuerpo herido, Víctima está tirado en el piso, a lo largo de la historia conoceremos tres verdades sobre lo acontecido.

Esta puesta en escena escrita por Jorge Fábregas y dirigida por Juan Pablo Hernández coloca de frente la farsa, el humor negro y el periodismo para retratar la insensibilidad de los medios de comunicación cuando de “cubrir la noticia” se trata; y es que, de un tiempo para acá, los cuerpos ensangrentados acompañados de títulos sensacionalistas se volvieron el #trendingtopic de los periódicos y en los puestos de revistas era común ver gente leyendo la nota roja solo por morbosidad.

Al ser el grupo de Teatro Dionisio quien presenta esta obra no resulta sorprendente ver su toque característico en los elementos que componen el escenario, desde la pulcritud en el trazo hasta la economía de medios en la escenografía y brillantez en la conceptualización general, es decir, todo es como estar dentro de un periódico viviente donde las imágenes son los actores en movimiento. El contraste blanco-negro del fondo con los tonos fríos de la iluminación (morados, azules, magentas) hacen que el ambiente se sienta confuso, nublado, como si se tratara de una ilusión. El vestuario emplea la misma gama de colores, lo cual genera una combinación análoga interesante entre ambos, no obstante, el vestido de Samantha Dueñas (Carmina) se siente rígido en comparación con el de ellos, la forma, el peso y la textura hacen ver a la actriz poco flexible en comparación con el personaje de Víctima (César Bravo) que en esta ocasión se encuentra irreconocible en su trabajo corporal. El tono satírico que le impregna Juan Carlos Díaz a Riqui, el dueño del periódico, nos revela la precariedad de las condiciones de trabajo en las que vivimos sumergidos y da fuerza a esta comedia, ya que quizás todos, en algún momento, hemos tenido que lidiar con actitudes machistas, misóginas o tiranas en nuestros empleos. Lo único que yo agregaría es una mayor transgresión al momento de la anagnórisis, ya que se siente confuso el cierre y no porque el texto así lo planteé, sino porque al conflicto final le hace falta fuerza, es decir, la afectación que tienen los personajes sobre su “destino” es muy leve, se siente como si hubieran avanzado muy poco en la trama.

Los tres actores que conforman esta puesta en escena han sido reconocidos por su trabajo en diferentes ocasiones, en el 2015 Samantha Dueñas y Juan Carlos Díaz fueron ganadores del premio a Mejor Actriz y Actor con “El hombre sin adjetivos” y César Bravo en el 2016 con “Un hombre ajeno” en el Encuentro de Teatro del Interior de Jalisco.  Esta obra fue pretexto para que en 2019 la compañía develara placa por 100 representaciones tras 7 años de trabajo, y contó con invitados de honor como Daniela López (Jefatura de Teatro) y Jorge Fábregas, el autor. En el mes de marzo 2020 tenían preparada una función en el Teatro Alarife Martín Casillas, misma que fue cancelada por las circunstancias de la pandemia y ahora en septiembre 2021, el Grupo de Teatro Dionisio regresa a la Muestra Estatal de Jalisco después de varios años de no participar.

En palabras del dramaturgo una puesta en escena “muy digna” que comprueba que el teatro  en Vallarta es uno de los mejores del interior de Jalisco, con una calidad inmejorable y propuestas que son dignas de competir en los escenarios de mayor reconocimiento.

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